Hoy os quiero hablar de cómo se hacía un buen diseño cuando no existían los ordenadores y es que la publicidad ha existido toda la vida, por suerte he podido ver esto desde pequeña y no sabéis la emoción que me causa el hecho de poder contarlo.

Bueno empiezo:

Cada vez que mi padre me decía ‘¿Me acompañas a la oficina?’ de repente la emoción y la ilusión me invadían, así como cuando a un niño le dices de ir a comprar chuches, al parque de atracciones o a comer una hamburguesa. Era una descarga de adrenalina infantil que con el tiempo vamos perdiendo.

Así me sentía yo cada vez que me hacía esa pregunta. Bueno ya os imagináis la respuesta ¿no?

Recuerdo una mesa amplia con toda clase de material, papel couché, goma, escuadra, cartabón, compás, reglas, lápices, pegamento en spray, rottrings… infinidad de cosas que ya no se utilizan hoy en día.

¿No te ha entrado nunca la curiosidad de saber como se hacía un anuncio en prensa, un catálogo o un tríptico? ¿Cómo se hacía si no existían ordenadores?

Pues tocaba medir, recortar, pegar, dibujar… y un puñado de cosas más como por ejemplo, hacer fotos para el trabajo porque claro esa comodidad que tenemos ahora con los bancos de imágenes no existía!! Había que buscarse las castañas. Tengo que destacar que aunque todo se hacía a mano, los trabajos eran excelentes, incluso me atrevo a decir que mejor que ahora porque era publicidad de la de verdad, publicidad sin fecha de caducidad, de hecho en la actualidad hay trabajos de la época que se consideran verdaderas obras de arte.

Una de las tantas cosas que me llamaba la atención, quizás por ser pequeña, era el Letraset. Consistía en una plancha semi transparente en la que se encontraban un gran número de letras, signos de puntuación, entre otros, de un tipo de fuente determinada, la cual se colocaba sobre la ilustración y se iba raspando una por una las letras hasta pegar una palabra, los que tengáis de 30 para arriba seguro que alguna vez lo habéis usado en el colegio o en clase de dibujo técnico.

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Otra cosa que siempre recuerdo es aquella habitación de la agencia de publicidad repleta de ejemplares de Clipper. Clipper era una revista gráfica muy de moda en todas las agencias por aquel entonces. En ella encontrabas técnicas creativas para poder utilizar en tus diseños, así como ejemplos de campañas que habían sido un éxito. Ya os podéis imaginar la de horas que me pasaba revisándolas… Después de todo esto, era hora de volver a casa pero no sin antes pasar por la heladería a por mi cucurucho gigante de helado de coco. Y ahí terminaba mi día de diversión…

Ahora que soy mayor aún me viene a la mente y recuerdo como si estuviera allí, el olor a pegamento mezclado con la tinta china y el calor de las lámparas apuntando sobre la mesa de trabajo donde se hacían todos los montajes. Después de eso, tocaba ir a la fotomecánica pero eso ya es otra historia que os contaré más adelante.

Ángela Baeza